Un Héroe Pinchao

22 05 2007

Porque ningún artículo es suficiente para compensar los casi nueve años en medio de la barbarie y el cautiverio.





Catarsis y redención

22 05 2007

Se habla de catarsis como «purificación» y se atribuía a las tragedias el producir ese efecto en el público. En Colombia la reciente oleada de confesiones y denuncias de connivencia con los crímenes de los paramilitares ha servido para que salieran decenas de columnistas a hablar de catarsis, de recuperación de la decencia y de reconocimiento de las culpas por esa complicidad.

Pero no hay que dedicar mucho tiempo para comprender que la intención de estos personajes poco tiene que ver con el anhelo de acabar con los crímenes y pensar en un país que convive en paz conforme al ordenamiento jurídico impuesto por los mismos que pretenden destruirlo. ¡Son los demás quienes tienen que entonar el Mea culpa por no haberse rendido a la rebelión de los justos!

Y no es que quienes han tolerado o alentado esos crímenes no tengan responsabilidades, sino que quienes hoy se lanzan a exigir la purificación de las almas ajenas son los mismos que cuando se cometían esos crímenes escribían cada semana presionando al gobierno para que premiara los de su bando y a la sociedad para que se resignara a vivir bajo un régimen impuesto a punta de cilindrazos y castraciones.

Ellos mismos encontraban razonable que hubiera tan poca solidaridad con los secuestrados o con los policías de los pueblos destruidos. Sin ir más lejos, recuerdo un artículo de Óscar Collazos en el que planteaba que la escasa disposición a tomar partido por la guerrilla o por el Estado era una muestra de madurez de la sociedad, que no tenía por qué reconocerse en ninguna de las dos facciones. El «bacán» dedicado sólo a divertirse y ajeno al descuartizamiento de sus vecinos le parecía un modelo de conducta que no cedía a las presiones de los actores del conflicto.

Para el caso dirán que «el Estado» son los militares que practicaban la guerra sucia. Es su estilo: en el contexto concreto «el Estado» quería decir «las leyes».

Y al pensar en eso y en el apoyo de esos columnistas, como Marianne Ponsford, Yolanda Reyes o Claudia López, al partido que no reconoce las urnas como única fuente de legitimidad política y exige que se premien los asesinatos de soldados y policías, se me antoja que los llamados a la catarsis sólo son recursos para alentar más asesinatos. Son reproches deslegitimadores para el otro bando que su público interpretará como deslegitimación del sistema democrático y de la economía de mercado.

Una parte significativa de la sociedad colombiana apoyó la barbarie como única forma de conjurar la amenaza de secuestro y asesinato. Por ningún motivo quienes estuvieron comprometidos con esos crímenes deben seguir en la política ni debe justificarse ningún crimen. A fin de cuentas esas personas alentaban a unos asesinos remotos porque el conjunto de la sociedad fue incapaz de responder a los promotores concretos de asesinatos en las ciudades.

Si a cada atentado de las FARC se hubiera respondido con manifestaciones de varios millones de personas, si la gente le hubiera cortado el saludo a los partidarios del terrorismo, si los sindicatos, las empresas y las universidades estatales no estuvieran, igual que ahora, dominados por ellos, precisamente gracias a la intimidación que imponían e imponen sus tropas… Nunca habría llegado a imperar la desesperación entre quienes toleraron la barbarie rival.

La primera catarsis y el primer paso de la redención deberían consistir en la exigencia del fin del secuestro y de la actividad de bandas armadas ajenas a las instituciones. Es decir, lo primero que se debe hacer es desaprobar rotundamente, tanto en las urnas como en la vida cotidiana, a los que llevan décadas haciendo carrera política gracias a los crímenes que encargan.

Nadie debe engañarse: son los mismos que pretenden destruir al gobierno haciéndolo responsable de lo que ocurría antes de su posesión. De lo que ocurría precisamente porque ellos promovieron la insurrección para acceder a prebendas y privilegios que constituyen la mayor injusticia y a la mayor fuente de desigualdad que se conoce en Colombia.

Si no se empieza por el rechazo a esos criminales de ropa cara y apellidos influyentes, lo único que se puede asegurar es que las atrocidades volverán, de lado y lado, porque estos tartufos no vacilan en indignarse contra unos militares o contra unos policías cuyo asesinato justifican con las falacias más descaradas. Y todo apoyados en el hecho de que la sociedad está hecha al servilismo y a que ellos son los herederos de la jerarquía antigua.

 

¿Por qué el presidente del Polo democrático dice que es lícito matar soldados y policías con fines altruistas?

 





¿Qué fue primero, el huevo o…?

22 05 2007

Por: Francisco Javier Saldarriaga

Los humanos tenemos una forma muy peculiar para definir las prioridades y es que éstas dependen en un ciento por ciento del interés que se tenga en el momento de iniciar el análisis para su definición.

Algunos personajes han querido invertir el orden de los acontecimientos para usar, esta manera de mostrar los hechos, como argumento para atacar, o por lo menos enturbiar, la imagen que ante los colombianos tiene nuestro Presidente.

Ahora se quiere hacer ver que lo que viene ocurriendo con los efectos de la Ley de Justicia y Paz, en lo que concierne con el destape de los nexos de muchos miembros de nuestra sociedad con las organizaciones de las autodefensas, es un logro de quienes se opusieron a esa Ley o no la votaron en el Congreso. Vaya paradoja.

Se arguye que aquí se está atacando a quien denuncia y encubriendo a quien se aprovecha o aprovechó del accionar de los grupos armados ilegales que conformaron las Auc. Esto es muy posible que esté sucediendo, pero para aquellos que han acolitado y apoyado la mal llamada ala armada de la izquierda que se proclama defensora de los derechos humanos.

Nunca he podido entender que esos señores: secuestren civiles, extorsionen civiles, masacren civiles, ataquen poblaciones llenas de niños, ancianos, mujeres y gente de paz y a renglón seguido se quieran mostrar como los portaestandartes de la justicia social y de la igualdad. Durante el despeje del Caguán, tuvieron la oportunidad de mostrar cuáles son sus intenciones en el momento en el que lleguen al poder. En casi cuatro años mostraron un piloto de su filosofía de gobierno, que consiste en el incremento de la pobreza, el toque de queda permanente, el refugio de malhechores y secuestradores, lógicamente con las víctimas de sus fechorías. Ese sería el país que tendríamos si creyésemos en su lucha.

Lo que se está viviendo tiene, como consecuencia primera y gestora, la iniciativa del gobierno para que llegáramos a un acuerdo con los dirigentes de las autodefensas para dejar las armas. Se hizo una ley que los obliga a la verdad y la verdad está asomándose poco a poco. Es cierto, falta mucha verdad por descubrir, pero ahora ya tenemos mucho que no teníamos hace dos años. Después o simultáneamente, vendrán la justicia y la reparación.

Esa ley es el huevo o la gallina que lo puso, (no lo colocó) pero de todos modos es la causa primera de este destape que no nos asombra, ya que en nuestro interior estábamos esperando que sucediesen cosas de este tipo. Por fin alguien, y no fue otro que el gobierno, originó las condiciones para que se develasen esas verdades ocultas, pero supuestas por casi todos nosotros.

Fuente: El Colombiano

Maya Villazón confirma lo primero:

La legitimidad del Congreso
El procurador general Edgardo Maya Villazón también se refirió a la propuesta de revocatoria del Congreso, que se ha ventilado en algunos sectores a propósito de la vinculación de varios legisladores en el proceso sobre parapolítica.

“Ese es un tema que se plantea cada vez que suceden hechos sobre la legitimidad del constituyente primario, pero precisamente la misma ley ha establecido la forma cómo se solucionan esas ausencias y esas impresiones. No toda la institución parlamentaria está implicada en este tema, entonces hay unos parlamentarios que tienen un derecho a la defensa, que no pueden ser estigmatizados porque no han tenido ninguna forma de relación con estos grupos al margen de la ley”.

Al responder sobre si en un momento determinado se llegara a comprobar esa relación con los grupos armados, Maya Villazón agregó que “el tema sería de que estuviera todo un Congreso de la República con unas credenciales espurias, originadas en hechos anormales de vinculación a grupos armados que viciaron la voluntad del constituyente primario”.

También dio su concepto sobre la participación de los congresistas hoy vinculados por la Corte Suprema en el estudio y aprobación de la Ley de Justicia y Paz,

Sinceramente creo que si los parlamentarios hubieran tenido siquiera una presunción de que iba a suceder todo esto, pues desde luego que ni siquiera hubieran aprobado la ley. Entonces, creo que en la aprobación de la ley que está surtiendo efectos, que está sobre ellos, que está operando, no solamente porque ellos no estaban en el proceso de Justicia y Paz, lo que tenemos que hacer los órganos institucionales, lo que tiene que hacer la Fiscalía, lo que tiene que hacer la Corte Suprema de Justicia es poner a operar la ley como lo está haciendo en el momento”.

Fuente: Ayuda al lector de El Colombiano

Así los oportunistas apologistas de la guerrilla no se tomen esto como su descubrimiento ni tampoco los medios masivos. Ya The Economist lo había dicho en elogiador artículo a Álvaro Uribe.